Siempre he pensado que eso de conmemorar el día de las mujeres era una tontuna, y que no se consigue igualdad para un colectivo poniéndole un día en el calendario. No sólo con el día internacional de las mujeres, sino con todas las fechas, realmente. Hay que hacer saber a la gente que quieres que la quieres todos los días, y no solo San Valentín; qué tontería es esa de celebrar el cumple de un hippie que vivió hace más de dos mil años con regalos, banquetes e incómodas (o no) comidas familiares, cuando en realidad su cumpleaños ni siquiera fue en diciembre, y en realidad nadie sabe mucho sobre ese señor, en cualquier caso; qué igualdad va a dar para un colectivo hacer un desfile que tapona un barrio entero y parte del extranjero, y está lleno de colores y confeti y música.
Porque después de todos estos años, se sigue pagando menos a las mujeres, se sigue tratando no-todo-lo-bien-que-se-debería a la gente a la que se quiere, se sigue estando incómodo en las comidas familiares, y se sigue despidiendo empleados porque a alguien le molesta con quién se acuestan.
Aunque en realidad, mirado con un poco de perspectiva, sí que han mejorado las cosas. Podemos llevar pantalones, abortar (de momento), y ser, bueno, personas. No puedo asegurar que una parte de la causa de estos avances sea que se haya puesto un día para recordar que un señor le prendió fuego a una fábrica en la que un grupo de mujeres se prendió fuego. Tampoco puedo asegurar lo contrario.
Sólo sé que (llámalo intuición femenina, irracionalidad, charlas maternas, o combinaciones de éstas), no parece del todo absurdo que haya un día puesto específicamente para pensar en lo que hemos conseguido, lo que no hemos conseguido, cómo hemos llegado hasta aquí, cómo vamos a seguir adelante, qué valientes esas señoras que se encerraron, qué decisión más terrible de ese señor, y ese tipo de cosas.
Y además está el hecho de que los seres humanos tenemos cierta tendencia a dejar las cosas para luego, y a que se nos pase eternamente hacer cosas que no tienen fecha. Ya lo dice Mafalda: "Como siempre, lo urgente no deja tiempo para lo importante". Así que, si no hubiera días concretos para pensar sobre cosas importantes, pero no urgentes, ¿cuándo pensaríamos sobre ellas?
jueves, 8 de marzo de 2012
8 de marzo
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domingo, 9 de octubre de 2011
Primavera
El invierno no es consciente del paso del tiempo, no es más que una estación. Cuando la primavera llegó a Mario, tan bien podrían haber pasado tres días como tres años.
La primavera tomó rasgos de mujer, con ojos de un color inventado, voz de café y movimientos de pantera.
Y así fundió la cama de escarcha que se había hecho el invierno y se instaló allí, llenando la caja torácica de Mario de calidez y olor a bosque.
La primavera tomó rasgos de mujer, con ojos de un color inventado, voz de café y movimientos de pantera.
Y así fundió la cama de escarcha que se había hecho el invierno y se instaló allí, llenando la caja torácica de Mario de calidez y olor a bosque.
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jueves, 6 de octubre de 2011
Invierno
El invierno estaba triste. La primavera le había echado, trayendo con ella las flores, el calor, los revoloteos hormonales y las ropas etéreas. Vagó por la ciudad en busca de un lugar fresco para refugiarse, pero todo el mundo cerraba la puerta para que no se escapara el aire acondicionado.
"Ya no me gustas como antes, Mario. Creo que deberíamos dejarlo.", dijo ella.
El invierno vio cómo un agujero se abría justo donde termina el esternón, y decidió echar una ojeada. Era cómodo. Estaba vacío, y una brisa helada recorría la caja torácica.
Y así el invierno se quedó a dormir bajo las costillas de Mario.
"Ya no me gustas como antes, Mario. Creo que deberíamos dejarlo.", dijo ella.
El invierno vio cómo un agujero se abría justo donde termina el esternón, y decidió echar una ojeada. Era cómodo. Estaba vacío, y una brisa helada recorría la caja torácica.
Y así el invierno se quedó a dormir bajo las costillas de Mario.
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viernes, 20 de mayo de 2011
Los que me conozcáis, probablemente también sabréis de mi pseudo-misantropía cuasi-patológica e irracional. Sí, hasta yo sé que es irracional, pero tampoco puedo evitarlo. Los grupos humanos, léase mi clase, mis profesores, los habitantes de la ciudad en la que vivo, los españoles, en fin, la gente en general, me provocan una especie de odio-desprecio-algo raro que ni siquiera yo soy capaz de entender. ¿Complejo de superioridad? Who knows. Lo irónico es que soy incapaz de odiar a personas concretas, y muy mal hay que hacerlo para caerme mal. De hecho, si coges a casi cualquier persona que esté dentro de cualquiera de esos colectivos y me preguntas, te diré que me cae bien, y será verdad. Soy así de rarita.
… O era así de rarita. Hoy, bueno, toda esta semana, he experimentado un sentimiento totalmente nuevo para mí. Un sentimiento que ha sustituido al desprecio habitual. Es… creo que es orgullo. Orgullo ajeno. Como vergüenza ajena, pero orgullo. Sí que me había sentido orgullosa de gente, obviamente, pero no de desconocidos sino de personas concretas a las que conozco. Estos días he aprendido lo que es sentirse orgullosa de la gente de la ciudad en la que vives, de la ciudad donde naciste, e INCLUSO de la gente de este país. Por supuesto no de todo el mundo, pero eh, es un paso muy importante para mí, jopetas.
Y ahora mismo, como soy omnipotente y omnipresente y omniviajeraeneltiempo y omnidetodo, te estoy leyendo el pensamiento, incauto lector, mientras me lees. Sé que te estás preguntando por qué me he sentido orgullosa de… otros seres humanos (sí, en mi cabeza también suena inverosímil). … O puede que ya lo sepas. Ahora mismo, mientras escribo esto, hay varios miles de humanos en diversos lugares de España protestando por la mierda de sistema en el que viven. Nada nuevo, ¿no? No. No protestan en sus casas refunfuñando. Protestan en la calle. Pacíficamente. Con cuidado. Con pancartas. Con sentido común. Y sobre todo, sobre todo, con indignación. Largo rato me he pasado pegada al streaming de la Puerta del Sol, viendo fotos, viendo más fotos, viendo cómo estaban organizados, leyendo manifiestos y cosas varias, siguiendo lo que pasaba por Twitter… He llorado con esto (ya sabéis, lloro con fotos y videos de mucha gente junta, pero esta vez era otra cosa). Incluso llamé a alguien que estaba en Sol para ver cómo se estaba viviendo desde dentro, y me contó que había un ambiente genial, de hablar con la gente, todo muy pacífico y guay.

Lo mismo en Madrid que en otras ciudades de España. Todo empieza a parecerse cada vez más a V for Vendetta. Barcelona, Valencia, Bilbao, Málaga, Granada, Sevilla, ciudades grandes también tienen a la gente en la calle. Y pequeñas ciudades. Mérida, Palma de Mallorca, Zamora, PAMPLONA. Esa pequeña ciudad donde vivo, a cuya población (como masa, no como individuos) siempre había considerado más bien retrógrada y tirando hacia paleta, concentró ayer a unas trescientas personas en la Plaza del Ayuntamiento, y hoy a unas cuantas más, y mañana más aún. (Sí, lo de la foto de abajo es Pamplona)

¿Poca gente? Suficientes como para hacerme sentir orgullosa a mí, y me atrevería a decir que a bastante más gente. Suficientes como para ser portada de todos los periódicos de España, y unos cuantos en el extranjero. Suficientes como para que yo ya no sepa qué pensar sobre la especie humana ni sobre mis sentimientos hacia ella. Suficientes como para sembrar una duda en mi pequeño y absurdo cerebro, una duda que con esa insidiosa vocecilla que tienen las dudas, dice: "Puede que aún haya esperanza..."
Gracias.
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miércoles, 2 de marzo de 2011
De esos seres comúnmente denominados políticos
"Qué imbécil es Zapatero"
"Qué gilipollas es Rajoy"
"Habría que matar a todos los políticos"
He oído este tipo de frases muchas, muchas, pero muuuuchas veces. Échale un par de moles o tres de veces. Y todas me sorprende la incapacidad humana de pensar un poco y mirar las cosas desde fuera. Un político es, contra todo pronóstico, una persona. Qué novedad, ¿eh? Pues al parecer cuesta alcanzar tan hondos pensamientos. Es más. Es una persona, que en lugar de limitarse a reflexionar (y eso es mucho decir) y quejarse sobre lo imbéciles que son los que llevan el barco, ha decidido hacer por llevar el barco.
¿Lo hará bien? ¿Lo hará mal? Quién sabe. Pero solo por el hecho de intentarlo, en mi humilde (mentira) opinión, merece un respeto. Un respeto bien grande. Puede tener unas opiniones diferentes a las mías, a las tuyas, y a las del ornitorrinco de la vecina, puede tener unas ideas locas y absurdas, puede caerte fatal, puede ser eso que la gente considera "mala persona" (ya sabéis que yo no creo en las malas personas), puede pensar que el país irá mucho mejor si pintamos las carreteras de rosa fucsia, puede estar MUY equivocado… Pero lo está intentando. Y si tú (segunda persona de imbécil hipotético) te dedicas a llamarle inútil, no estás arreglando nada. No tienes derecho a quejarte. Métete en política, si tienes esferas. Ah, ¿que no? entonces a lo mejor, tal vez, posiblemente, no deberías meterte tanto con los que sí que han tenido esferas.
Pasada un poco la rabia inicial o rabia0 (y eso que he moderado la tasa de palabras malsonantes todo lo que he podido), debo decir que no, claro que no entra en mis planes meterme en política. Mucho peor, voy a ser profesora. Porque según mi no-humilde opinión, el problema empieza ahí. Ya lo decía el amigo Costa y tantos otros. Pero… esa es otra historia, y será contada en otra ocasión.
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martes, 28 de diciembre de 2010
2010 en palabras sueltas
Música. Madrid. ETBE. Abrazos. Palabras. Él. Ojo mandarinesco. Paranoico. Risas. Amor. Estudiar. Verano. Italia. Autobús. Pisa. Wayfarer. Florencia. Venecia. Siena. Roma. Civitavecchia. Ferry. Autobús. Dormir. LOST. Vacaciones. Asturias. Gijón. Valenica. Bilbao. Euskal. Eroski. Lasaña. Fonera. Lágrimas. Santoña. Mal humor. Desamor. Ojos azules. Again. Besos. Rubia. Besos. Madrid. Sol. Miradas. Besos. Quejas. Mails. Noticias. Flipar. Patatoides. Contraseñas. Decepción. Shock. Señoras. Lyon. Ropa. Segundo. Contentidad. Patillas. Diecinueve. Arrebato. Error. Empatía. Halloween. Mitocondria. Error. Again. Debate. Consejo escolar. Cintura. Hormonas. Kilolitros. Ganar. Inevitable. Perilla. Tú. Cumple. Doctor Who. Fotos. Americana. Converse. Madrid. Gente. Tú. J. H. David. Marcos. Carlos. Fran. Santi. Adri. Nyr. Andrea. María. Elena. Gatit. Naty. Mario. Raquel. Sofía. Odei. Aritz. María. Hyde. Amets. David. Axel. Axel. Axel.
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miércoles, 22 de diciembre de 2010
novio (Del lat. *novĭus, de novus, nuevo)
Si me conocéis, conoceréis también mi odio profundo a esa palabra. Y si no, acaba de quedar constancia. No tiene nada que ver con la más que reiterada y plasta razón de que "es que el 'mi' es muy posesivo, no es posesión tuya, no puedes decir 'mi'". Hipócritas todos, ese 'mi' solamente indica relación, no posesión, nadie se queja cuando decimos 'mi padre', 'mi madre', 'mi hermana' o 'mi tía'.
¿Por qué odio tanto esa palabra? Es una buena pregunta. Lo cierto es que no estoy muy segura. La sonoridad no es fea, es normal (ejemplo de sonoridad fea: 'potorro'). Tal vez sea que lo primero que me viene a la cabeza con esa palabra es la típica pareja choni que ostenta babosamente delante de cuanta más gente mejor. O que suena muy serio y a mí esas cosas me asfixian. O tal vez, que no es descriptiva. Que abarca un concepto demasiado extenso y variable como para darle un nombre (ese nombre). ¿Quién sabe?
Algo sí que sé. Mirad la definición de arriba. ¿No os parece… no sé, fea? Insuficiente, tal vez. Me pregunto si es suficiente para designar las trenzas intestinales en los minutos anteriores de haber quedado. El temblor de rodillas por una mirada lo suficientemente larga. La sensación de perderse en unos ojos mientras los segundos se estiran como el queso de la pizza. El sentimiento de protección y "este es mi sitio" que se encuentra entre unos brazos. La combinación perfecta entre el deseo de quedarse sosteniendo una mirada durante horas y el de perderse en unas sábanas. Un chocolate caliente o un té compartido. Unas castañas. Un paseo de la mano. La falta de necesidad de palabras para no estar en silencio. La falta de necesidad de palabras para conocer sentimientos. La falta de miedo al silencio. La capacidad de ver una película y verla. Los besos, los abrazos, las caricias y los mordiscos.
No, lo realmente no parece suficiente.
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